Si, está archi comprobado que lo que dicen los grandes gurús de los Recursos Humanos es cierto: el rendimiento y la satisfacción en el trabajo dependen en gran medida de cada miembro del equipo, de la manera con la que afrontemos la vida, el trabajo, las relaciones con los demás, y de cómo encajemos en nuestro puzzle las visiones y actitudes de la gente que nos rodea. Cuestión de comunicación, según los expertos, como podeis leer en este blog.
Una de las cosas que más me llaman la atención es la gente que no coopera para que esos lugares de encuentro (fundamentalmente, la oficina o donde cada uno trabaje esas 35 horas semanales), sean, a pesar de las crisis y las dificultades, esos “lugares comunes” de crecimiento y logros, y también de amabilidad, cooperación, e incluso amistad. Tampoco creo que cueste tanto, digo yo.
El otro día lo comentábamos en la comida, comparando los equipos en las diversas oficinas que tenemos en Murcia. Entre ellas nos encontramos con una paradoja: un gran equipo humano, unos resultados brillantes pero un nivel de satisfacción bajo por parte de algunos miembros. Y surge una cuestión: ¿cuanto tiempo dura esto?¿es tan rentable el malestar ambiental que no compensa hacer algo por eliminarlo?¿es un problema de falta de adaptación? No lo sé. El caso es que hay gente que no se movería de su lugar de trabajo ni aunque fueran a sacarla con grua y otros que llevan meses soñando con el traslado. Y cuesta pensar que es una situación estable en el tiempo y vivida por diferentes personas (no es solo un momento de tensión o crisis pasajera, que también se dan a veces) y nadie pueda -quiera- hacer nada para solucionarla. ¿O será que en ese caso concreto los valores corporativos “de personas para personas” no han calado del todo?